Parte II: Estudios Manipulados sobre grasas saturadas

Viene de la parte 1.

Tenemos pruebas clínicas aleatorias y experimentos controlados, las formas más robustas de evidencia, demostrando que la grasa provoca enfermedades cardíacas o muerte. No es de extrañar que haya un consenso científico para reducir la ingesta de grasas. Pero a lo qué se aferran los detractores de esta evidencia? Al cambio en el colesterol. Debido a que todo el mundo es distinto, aunque la fórmula funciona en general, no cambiará igual la relación LDL si empezamos con 90 de colesterol que si ya tenemos 180 y estamos a 5 años de morir de un infarto. Basándonos en que esto aún no es conocido al 100%, algunos se aventuran a afirmar que el colesterol, no es malo.

A raíz de esta variación individual, no podríamos encontrar una correlación estadística concreta. Por lo tanto se reduce a 3 maneras de estudiar el tema de la nutrición y los niveles de colesterol:

  • Estudios controlados de alimentación de sujetos (con 20-30 sujetos podemos ver la correlación estadística)
  • Estudios de cambio de alimentación con sujetos libres (necesitamos más de 100 sujetos porque algunos no harán caso de las indicaciones)
  • Estudios observacionales de cruce de datos de grandes poblaciones (se necesita una gran cantidad de datos ordenados en muchas hojas de SPSS o similar, varios epistemólogos, estadistas etc).

Como vimos en la parte 1, en estudios no observacionales la relación es directa, pero en los observacionales no se observa correlación.  Es decir, para el estudio de esta relación entre grasas y colesterol, no es un método adecuado, y por muchos motivos. Pero principalmente, porque la variabilidad es tal, que se necesitan múltiples correcciones, y sería más adecuado otro método (que ya se ha demostrado que funciona).

La manera más clara de hacerlo es cambiando la dieta de sujetos de manera controlada. Lo cuál podrá comprobar en su casa como ya propusimos en nuestro Facebook. Pero es que estos estudios ya se han realizado además y están publicados y están aceptados por la mayoría de entidades médicas y nutricionales por algún motivo. De hecho, si bajamos la ingesta de grasas saturadas lo suficiente, podríamos ser capaces de revertir enfermedades cardíacas sin necesidad de abrir pechos, sin cirugía ni medicamentos con multitud de efectos secundarios (ver los trabajos de Garth Davis, Caldwell Esselstyn, Colin Campbell o Michael Greger).

Si nos ponemos de nuevo en la piel del productor de carne, queso y hamburguesas de queso, si sabemos que no se puede demostrar la correlación debido a las varianzas… todo lo que necesitamos es un investigador reputado como Ronald M. Krauss al que podemos untar bien con mantequilla (le pagan los productores de lácteos, la asociación de ganaderos americanos y la fundación Atkins). Y ya lo tenemos, hacemos un estudio observacional, lo publicamos, y decimos a bombo y platillo que lo que sabemos desde 1979 a ciencia cierta, ahora resulta que no es verdad… El estudio es de 2010 y se puede envolver en un papel de regalo nuevo y publicarlo otra vez en 2014… hasta que el propio departamento de nutrición de Harvard incluso te llama la atención de manera muy respetuosa eso sí, sobre todo remarcando más de una docena de errores graves.

 

No es que falsificaran datos. Simplemente negaron la hipótesis nula con un sistema que era incapaz de demostrar aquello que no buscaban. Es como si buscamos cáncer en el pulmón de los fumadores con la camisa puesta y con una lupa… En fin. Ganar dinero sin tener en cuenta las consecuencias para la salud. Es todo.

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